
DIBUJOS DE MIGUEL A. ALONSO TUR A Juan Carlos Alonso,mi hermano
“Dibujos al cobijo de una mesa camilla”nos muestra una serie de apuntes que suponen una vuelta a lo que fueron sus orígenes, algo que seguramente el autor nunca habría imaginado. Desde su última exposición, coincidente con la presentación del libro “Pájaros en mi cabeza”, Miguel Ángel ha reposado su creatividad y su actividad se ha serenado, quizá de forma forzada. Esperando las musas de la vanguardia, sentado junto a su caballete y al cobijo de las faldas de la mesa camilla, desempolvando aquellos lápices conté, los carboncillos, los tinteros de tinta china junto a las plumillas, se encuentra inmerso en un quehacer que lo mantiene activo durante más de veinte meses y recupera aquel oficio, casi olvidado, del joven dibujante entusiasta que se empeña en cada trazo, con el que interpreta el modelo, en dibujarla personalidad de sí mismo al igual que hiciera con la pintura o la fotografía.
“…Me he recuperado a mí mismo, he vuelto a nacer y me sigo estremeciendo ante las delicadas líneas que dibujan esa bella silueta y ante esos trazos vigorosos que marcan las tensiones de un claroscuro o de un contorno dinámico del modelo en movimiento…”
El reconocimiento de esta labor, que puede parecer a ojos del profano una mirada al pasado, significa para este artista una etapa más de sus inagotables rupturas con lo estéticamente correcto:
“Es un placer hacer en cada momento de mi vida artística exactamente lo que me piden el pincel y el corazón. Es ésta una actividad que depende exclusivamente de mí, la mantengo viva gracias a esa independencia que no te permiten otras actividades. Así que, no se trata de un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso para retomar con posterioridad una vanguardia ajena a mí en este preciso momento”.
La labor de un pintor es ser honesto conél mismo para que su obra goce de la credibilidad que el visitante a una exposición capta al instante si además va acompañada de calidad y M.A.A. lo ha sido desde sus comienzos y ha acostumbrado a su público a esas inesperadas rupturas con cada una de las muestras con las que el observador se identificaba y tenía que partir de nuevo “de cero” para reinterpretar y comulgar con la nueva creación propuesta.
Disfrutad, pues, de esta antigua y a la vez nueva faceta con la que vuelve a sorprendernos gratamente y retomemos junto a él la placentera sensación de la caricia entintada sobre un papel Fabriano en el que se dibuja el buen hacer y buen gusto de un artista que, afortunadamente, se debe así mismo y a su compromiso con la obra bien elaborada y profundamente sentida. Isamael Ortuño, pintor y galerista
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